La crónica. Rasgos iniciales.
La crónica, suele decirse, es el más literario de los géneros periodísticos. En principio la asociación con lo literario da idea de una gran cantidad de recursos, tonos y formatos posibles. La crónica dispone de variadas herramientas y estrategias para dar cuenta de un hecho o de una serie de hechos, para contar “qué pasó” o “qué pasa”. Es, sobre todo, un relato con la posibilidad de contener un análisis valorativo de los hechos, sin perder de vista en qué y cómo ha de enfocarse (su tema central, sus temas secundarios), ni en sus otros elementos informativos fundamentales, las coordenadas del dónde y el cuándo, los protagonistas (quién/quiénes), los por qué y para qué. Sin la rigidez de la noticia, la crónica también da cuenta de las respuestas a las preguntas básicas, aunque dispone de plasticidad para hacerlo.
La opinión del cronista, en estas prácticas iniciales del género, no ha de ser explícita; su mirada se infiere por el modo en que narrará los hechos, en cómo los jerarquizará e interpretará, en las relaciones que establezca (entre la secuencia de hechos a la que asiste, o con sus antecedentes o proyecciones), en los comentarios, en la adjetivación, en el recorte de las citas. El cronista asiste a los hechos, está en el lugar, y sus sentidos han de estar atentos para pescar, registrar, investigar, decodificar materiales apropiados para el texto que escribirá. Un texto que buscará atraer/llegar al lector.
Y en esa búsqueda juega un papel protagónico el comienzo de la crónica, al que se lo llama también “entrada” o “cabeza”, que ha de estar especialmente trabajado para enganchar: alguna frase atractiva, alguna definición sólida, una escena significativa, alguna paradoja o contraste, siempre en función del suceso al que asistimos, del foco de la crónica. La entrada/cabeza es la primera de las tres partes que, tradicionalmente, componen un relato; la segunda es el desarrollo, donde secuencia por secuencia va desplegándose la mayor parte de nuestros materiales; la tercera es el remate, que juega el papel de cerrar/concluir la crónica. A diferencia de la noticia, cuyo formato de pirámide invertida lleva a una suerte de “desinfle” del texto, la crónica le da mucho relieve a su desenlace. Mientras sopesamos o inventariamos nuestros materiales acaso aparezca ya la idea: “Esto puede funcionar para el final”. Alguna frase específica, alguna escena. Como en los relatos, ese final puede que establezca su relación con el comienzo, o con algún pasaje de la crónica.
Fundamental, para la escritura de cualquier género periodístico, el background. Contexto, historia, perspectivas en relación a lo que asistimos como cronistas. Estar empapados de las temáticas. Se percibe, se mira, se pregunta distinto.
Curiosidad. Rienda suelta a la.
Las crónicas ser arman con una combinación de elementos: narración, descripción, comentarios, voces.
-Los tramos narrativos se dedican especialmente a los hechos que forman parte del proceso, y por eso hacen hincapié en el aspecto temporal del relato. Se utilizan, generalmente, tiempos verbales pretéritos.
-Las descripciones se detienen sobre objetos y seres sin intervención de temporalidad. De alguna manera tienden a justificar el porqué de los acontecimientos y la psicología de los personajes implicados en ellos. Y además contribuyen a dar idea de la presencia física del cronista en el lugar y/o ante los hechos.
-Los segmentos comentativos suelen introducirse a través de conectores como “sin embargo”, “aunque”, “además”, que permiten que el paso de la narración al comentario se realice de forma coherente. Esto crea la ilusión de que el cronista redacta la crónica desde el lugar de los hechos y de que está interiorizado desde hace tiempo con la temática sobre la que cuenta. También son frecuentes en la crónica las adjetivaciones, con sus cargas de subjetividad.
-Las voces provienen de los protagonistas del suceso a cubrir, pero también de personajes secundarios, o de los márgenes. O del pasado. O de un vendedor ambulante que pase por la calle. O de la letra de una canción que suena al cierre de un suceso. En el texto las voces aparecerán de diversas formas, desde el diálogo directo a la cita, estilo directo o indirecto.
Hay distintas clasificaciones para las crónicas. Las más tradicionales son las de viajes, las historias de vida, las crónicas históricas y las de guerra. Hay unas denominadas “nota color”, donde se privilegia la descripción y la puesta en escena (pueden ser sobre deportes, marchas políticas, recitales, sesiones parlamentarias, etc). Hay un surtido de rótulos para el género: crónicas urbanas, de animales, de niños, barriales, de interés humano, de interés social, etc.
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